“Hombre bebiendo” (1939), de René Magritte

René François Ghislain Magritte (21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica – 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno.

Alberto Muñoz

René François Ghislain Magritte (21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica – 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno. Magritte dotó al Surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Hombre bebiendo”, fechado en 1939.

Hombre bebiendo (1939), de René Magritte

Aunque mantenía cierta relación con Breton y los surrealistas, en ocasiones hubo distanciamientos entre ellos. Magritte siempre fue muy independiente, manteniendo sus ideas y principios artísticos por encima de modas o intereses grupales. En sus cuadros es muy habitual ver juegos de duplicaciones, ausencias y representaciones dentro de representaciones; además, Magritte manipulaba imágenes cotidianas como un juego con el que explorar los límites de la percepción. Más que las disquisiciones teóricas y el automatismo de los surrealistas del grupo de París, a Magritte le interesan la ironía, la subversión de los valores ópticos de la pintura tradicional y los juegos de palabras. Sus cuadros, por lo general, carecen de la complejidad, el dramatismo o la apariencia convulsa de otras obras surrealistas, y presentan a menudo guiños o referencias a la pintura tradicional. Le son comunes a los otros surrealistas, sin embargo, la apariencia onírica de sus cuadros, el gusto por la “imagen doble” o la imagen fragmentada, y la ironía iconoclasta. Una de las obsesiones o motivo recurrente en su pintura es el encuentro de contrarios, de realidades contrastantes que se unen, resultando paradójicas y extrañas. Así, paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes (serie El imperio de las luces), botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire…

A partir de 1926, el estilo de Magritte (también llamado “realismo mágico”) cambia poco; entre 1928 y 1930 investiga las ambiguas relaciones entre palabras, imágenes y los objetos que éstas denotan. En La perfidia de las imágenes (1928-1929) retrata meticulosamente una pipa, y debajo, con igual precisión, pone la leyenda Ceci n’est pas une pipe (Esto no es una pipa), cuestionando la realidad pictórica. El espejo falso (1928) explora la misma idea: el ojo, como un falso espejo, reflejando las nubes blancas y el cielo azul pintados de forma realista; en este cuadro introduce el tema del paisaje ilusionista, interpretado en clave pictórica, alejado de toda intención naturalista. Magritte explora en toda su obra el problema del espacio real frente a la ilusión espacial, que es el trasunto de la pintura misma. Desde el punto de vista psicoanalítico, el espejo representa la confusión de identidad del falso yo. Esta confusión se da en el espectador en el momento de contemplar la obra, al no saber si “está viendo un reflejo del cielo o si mira el cielo a través del ojo” o “si el ojo del cuadro nos mira a nosotros o al cielo”. Hace muchas variaciones sobre este tema, quizá la más clara de todas sea Los paseos de Euclides (1955), donde muestra un caballete con un cuadro frente a una ventana, a través de la cual se ve un paisaje; la escena pintada corresponde exactamente al fragmento de paisaje sobre el que se sitúa el cuadro, llevando el problema de la pintura, como confrontación naturaleza-ilusión, a la cuarta dimensión. En 1933 hace una exposición individual en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas y en 1936 su primera individual en Estados Unidos en la galería Julien Levy de Nueva York. En ese mismo año su obra está presente en la exposición Arte fantástico, Dadá y Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En los años cuarenta la obra de Magritte adopta una paleta y una pincelada más propia de los pintores impresionistas, abandonando la precisión y apariencia realista de sus pinturas más conocidas; posteriormente, en 1947-1948 desarrolla una estilo cercano al Fovismo, con pinceladas gruesas y empastadas y colorido vibrante. Sin embargo, la respuesta de la crítica fue, en general, hostil hacia estas obras, y Magritte retomó su estilo anterior. Son característicos de los años cincuenta los cuadros en los que tanto figuras interiores como paisajes y objetos aparecen convertidos en roca. “Las formas básicas y los temas, sin embargo, continúan la fantasía del lugar común durante los años sesenta. Una escena urbana nocturna a la que se le superpone un cielo azul con nubes de atardecer flotando; carreras de jockeys en coches y por habitaciones; o una elegante amazona paseando por un bosque mientras es segmentada por los árboles. Pero el mundo de Magritte contiene siempre al misterioso hombre invisible con bombín y abrigo negro solo o en grupos, como en Golconda (1953), donde una multitud de ellos desciende sobre la ciudad” (Arnason).

A lo largo de los años cuarenta expone asiduamente en la galería Dietrich de Bruselas. En los dos decenios sucesivos recibe numerosos encargos para la ejecución de pinturas murales en Bélgica. Desde 1953 expone frecuentemente en la galería Alexander Iolas de Nueva York, París y Ginebra. Se organizan retrospectivas sobre su obra en 1954 en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, y en 1960 en el Museo de Arte Contemporáneo de Dallas y en el Museo de Bellas Artes de Houston. Viaja por primera vez a Estados Unidos en 1965, con motivo de una retrospectiva que le dedica el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Durante el año siguiente viaja a Israel. Murió en Bruselas el 15 de agosto de 1967, pocos días después de la inauguración de una importante muestra de su obra en el Museo Boymans Van Beuningen de Róterdam.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes